4.pngDEJEN QUE SUS HIJOS VAYAN A ÉL
Cómo dejarles riqueza espiritual
Tim Kimmel

Muchos cristianos, como muchas personas, no son ricos (ni económica ni espiritualmente). Muchos podrían vivir materialmente sueldo tras sueldo y demasiados viven espiritualmente sueldo tras sueldo. Luchan con disfrutar de los márgenes divinos en su relación con Dios, sobreviviendo en una serie de eventos o experiencias cargados de emociones. Los niños de estos hogares tienen un conjunto único de problemas que deben procesar al momento de desarrollar una íntima relación con Cristo. 

Afortunadamente, muchos cristianos caen al otro lado del continuo. Disfrutan del enorme margen espiritual en su relación con Jesús, porque lo buscan diariamente y se enfocan en vivir para su gloria. La profundidad y la madurez de su andar con Cristo crea estabilidad, riqueza y rebose en sus familias. Sin embargo, su abundancia en Cristo puede presentar un conjunto de luchas particulares al momento en que sus hijos llegan a desarrollar su propia relación apasionada con Jesús. 

Dar bienes materiales a nuestros hijos crea una analogía bastante buena para analizar las dificultades que los padres cristianos a menudo enfrentan al traspasar a sus hijos la riqueza espiritual que han ganado. Para nuestra discusión, acordemos definir «riqueza» como el hecho de tener más de algo que el mínimo o más de lo que podemos consumir razonablemente por nosotros mismos. Jesús dijo que a quien se le da más, se le exigirá más. Con eso en mente, quisiera ofrecer los siguientes paralelos.

La dificultad de traspasar tu riqueza

Existe una gran diferencia entre llegar a ser rico y tener riqueza desde el principio. El primero sabe lo que es no tener nada (tener hambre, preguntarse cómo sobrevivirá mes a mes). El segundo no sabe nada de estas cosas (al menos no por la experiencia).

Sin embargo, es esa hambre (la sensación de sobrevivir apenas) que tiende a empujar a una persona a esforzarse y disciplinarse con el fin de fortalecer los músculos internos necesarios para finalmente prosperar muchísimo. Realmente, requiere «músculos»: 

  • Humildad: pone el orgullo en jaque y  libera para realizar los trabajos ingratos y modestos que al final darán acceso a una escalera de éxito.

  • Visión: capacita para ver un futuro mejor y, de la misma manera, formular un plan para llegar ahí.

  • Tenacidad: empuja a derribar, a pasar o a abrirse camino a través de los millares de barreras en la búsqueda de una mejor vida que grita «¡no, es demasiado difícil!», «¡no vale la pena!» o «¡ríndete ahora!».

  • Sacrificio: voluntad de negarse a sí mismos ahora con el fin de obtener finalmente lo que nunca habrían obtenido de otra manera. 

Estos músculos internos no solo ayudan a la persona a obtener riquezas materiales, sino que es una buena ayuda en lo que respecta a proteger esas riquezas y a multiplicarlas.

El típico estadounidense, cuando se ha esforzado y ha acumulado un margen económico saludable, es normal que quiera usar parte de la riqueza para hacer su diario vivir más cómodo, más conveniente y más seguro. No hacen esto porque la incomodidad, la dificultad o el riesgo lo amenacen, pues han experimentado lo suficiente de las tres. Sin embargo, ahora que tienen cierta estabilidad económica, tiene sentido usar un poco para aliviar esas dificultades que ahora son opcionales. Debido al precio personal que pagaron para llegar ahí, estas comodidades que pueden tener gracias a su riqueza probablemente no los van a corromper, sino que simplemente representan maneras en las que están disfrutando de sus bendiciones. 

No obstante, si eres un hijo que está creciendo en ese hogar, las bendiciones de las riquezas de tus padres pueden tener un impacto completamente opuesto en ti. No tienes punto de referencia de hambre, no tienes necesidad de visión, ni un llamado al sacrificio. Una vida de opciones abundantes es una consecuencia inevitable, lo que para un hijo resulta difícil llegar incluso a imaginar cómo sería no tenerlas. Si un padre no es cuidadoso, este contexto de bendición puede crear un sentido de derecho en sus hijos. El punto vulnerable de un privilegio no ganado a menudo es pereza, arrogancia, egoísmo y una falta de aprecio por el sacrificio que otros hacen para hacer la vida de alguien mejor.

Es por eso que es muy difícil traspasar la riqueza a más de dos generaciones desde cuando fue originalmente construida. El mantra tiene variantes, pero básicamente dice así: la primera generación genera riqueza, la segunda la administra mal y la tercera la pierde.

La crianza de los hijos en la abundancia material

Las excepciones existen, pero generalmente se deben a medidas premeditadas que toman los padres. Ellos saben que es apremiante que sus hijos experimenten su propio viaje económico. Estos tipos de padres tienden a compartir dos principios fundamentales en común. 

En primer lugar, ven la importancia de que sus hijos experimenten la adversidad económica.

Ellos ven la afirmación «no quiero que mis hijos tengan que pasar por lo que yo tuve que pasar» por lo que es: una visión equivocada de la adversidad que finalmente le niega a sus hijos la oportunidad de obtener una madurez personal económica. 

Los hijos podrían tener una casa más bonita y más opciones de la que sus padres tuvieron a la misma edad, pero los padres sabios se aseguran de mantener los dilemas en su lugar lo que fuerza a sus hijos a desarrollar la responsabilidad monetaria. En primer lugar, los hijos aún tienen responsabilidad sobre su parte equitativa de los deberes en la casa. Y esos padres se dan cuenta de que, aun cuando ellos podrían fácilmente comprarles a sus hijos lo último en ropa y dispositivos y todo lo demás que sus corazones desean, no lo hacen. Ellos les entregan lo fundamental que cualquier otro padre les daría, pero aún esperan que sus hijos creen fuentes de ingreso por sí mismos si quieren cosas mejores y extras.

La otra forma en que ellos le permiten experimentar la adversidad es que se rehúsan a darles cuidados económicos ambulatorios una vez que son adultos. Ellos saben que es mucho más beneficioso para sus hijos que cada uno aprenda a ser económicamente autosuficiente.

En segundo lugar, ellos distinguen entre su riqueza y la de sus hijos.

El hijo adolescente dice, «papá, somos ricos, ¿no es así?». A lo que el papá responde, «no, hijo, tu mamá y yo somos ricos. Tú no tienes nada. Nosotros nos hemos esforzado para tener lo que tenemos y nos encanta compartir los beneficios de ello contigo mientras estés bajo nuestro cuidado. Pero un día vendrá en el que te lanzaremos hacia la adultez. Entonces, tendrás que asumir la responsabilidad económica total de tu vida. La forma en que termines respecto al dinero y al estilo de vida corresponderá a tus propios esfuerzos». 

Existe lugar para el esfuerzo que capacita a un joven adulto responsable a ser aún más responsable, pero no hay lugar para el regalo económico que le hace favor a la pereza, a la irresponsabilidad o al sentido de derecho. Estos padres sabios no dan por sentado las cuentas de inversiones ni la herencia económica, sino que solo las traspasarán si estos padres tienen la confianza de que estas cosas ayudarán a sus hijos a ser mejores personas. Lo último que quieren es que su dinero ganado con esfuerzo sea finalmente destruido por sus hijos adultos. 

La crianza de los hijos en la abundancia espiritual

Ahora, el paralelo. Cuando una persona es criada en un ambiente con carencias espirituales, hay una sensación natural de que falta algo. El hambre espiritual y el énfasis que a menudo lo acompaña, normalmente juegan un rol significativo en la respuesta de una persona al Evangelio. Hasta este punto, podrían haber abrazado una serie de falsificaciones religiosas. Sin embargo, esas falsificaciones, como la comida chatarra, ni siquiera pueden satisfacer. Cuando una persona que está muriendo de hambre espiritualmente al final puede probar un poco del Pan de Vida y un sorbo del Agua de Vida, el contraste es abrumador. Quizás no haya una rendición instantánea, pero cuando el Espíritu Santo finalmente hace su obra en sus corazones, el cambio es profundo, el contraste es claro y al menos parece no haber vuelta atrás. 

Una fe recién descubierta a menudo viene acompañada de un deseo apasionado por más de Dios, de su Palabra, de su verdad y gracia y de su familia extendida. Esta búsqueda tiene un impacto transformador general en la vida del nuevo creyente.

Si esa transformación tiene lugar en sus años de juventud o en sus primeros años de matrimonio, no es extraño para ellos usar un poco de su riqueza espiritual en Cristo para «ascender» en sus vidas. La oración y la ingesta de la Palabra de Dios se transforman en una rutina. Sus amigos más cercanos se transforman en activos espirituales en lugar de pasivos. Los miedos son superados más consistentemente con la fe. Los malos hábitos son reemplazados con aquellos que dan vida. Sus hogares están cada vez más llenos de Dios.

No obstante, si eres un hijo nacido y criado en este tipo de hogar desde el principio, este puede tener un efecto completamente diferente en tu viaje espiritual, humanamente hablando. Existen consecuencias involuntarias al criar hijos en hogares donde el canal hacia la gloria de la obra transformadora de Dios ha sido quitado en una generación. He observado tres problemas comunes en los niños que fueron criados en hogares espiritualmente seguros y cristianamente cómodos:

  1. No piensan que Dios sea tan real como de verdad lo es

  2. No piensan que el pecado sea tan malo como realmente es

  3. No piensan

El ambiente cristiano que los rodea (con sus tradiciones, sus clichés y sus protecciones intrínsecas) podría transformarse en su visión de quién es Dios en lugar de que Dios mismo lo sea. Los confines seguros de su cómodo mundo cristiano podrían darles una ingenuidad hacia el pecado que fácilmente podría hacerlos vulnerables a su verdadera naturaleza una vez que sean adultos. Y viven en un mundo que constantemente está dándoles las respuestas a preguntas que no se han hecho y las soluciones a problemas con los que nunca han tenido que luchar verdaderamente. 

Cómo traspasar la fe viva

Traspasar una fe ferviente en Cristo a la próxima generación es difícil, pero no imposible. Finalmente es Dios quien da el don de un nuevo nacimiento; sin embargo, sí invita a los padres a desempeñar una parte esencial. Como padres ricos que efectivamente traspasan una gratitud y una administración de dinero saludables a sus hijos, existe un par de cosas, entre otras, que los padres cristianos pueden hacer en un esfuerzo por hacer de la educación de sus hijos una plataforma de lanzamiento para su propia relación apasionada con Jesús. 

En primer lugar, permítanles enfrentar una gran adversidad espiritual.

Obviamente, es imprudente para un padre simplemente lanzar a sus indefensos hijos en medio de un mundo moralmente hostil. Sin embargo, puede ser igualmente irresponsable e imprudente criarlos en un ambiente que no necesita realmente el poder y la presencia de Dios para ser protegidos. Aunque sus hijos pueden disfrutar de las bendiciones de un hogar piadoso y justo, los padres sabios saben que existe una gran diferencia entre el conocimiento bíblico y el poder bíblico, la seguridad espiritual y la fuerza espiritual. 

Lo primero puede obtenerse con información ortodoxa y barreras hechas por hombres; lo último probablemente se puede obtener por medio del desafío, del riesgo y de la amenaza espiritual. Lo primero puede alcanzarse sin la ayuda de Dios; lo último, solo puede alcanzarse a través del poder de Dios y un encuentro personal con un Salvador poderoso. 

Cuando los padres espiritualmente ricos crean dilemas persistentes que destacan la profunda necesidad de su hijo por Cristo, y él los salva, no solo aumenta la probabilidad, por decirlo de alguna manera, de tener un hijo conocedor de la Biblia y fuerte espiritualmente, sino que también uno que es bíblicamente astuto y espiritualmente seguro. Y no tenemos que exponerlos mucho al mundo hostil a su alrededor para convencerlos de su necesidad de Cristo. 

Pero, ¿cómo hace esto un padre sin pasar por encima de la línea hacia la imprudencia? Jesús nos mostró la manera. Él les enseñó a sus discípulos las verdades del Evangelio al revelar regularmente la Escritura y al enseñarles parábolas y luego aplicarlas a sus vidas. Pero también los vinculó constantemente con la cruda realidad del quebrantado mundo a su alrededor. Diariamente, eran expuestos al corazón depravado del hombre mientras acompañaban a Jesús y él activamente derramaba su amor sobre personas en la agonía de su condición perdida. Y hubo momentos en los que incluso él envió solos a estos discípulos «como ovejas en medio de lobos» para poner en práctica los principios que vieron que Jesús demostró (Mt 10:16).

Dirás, «sí, pero los discípulos eran adultos». Quizás, aunque algunos de ellos podrían haber sido más jóvenes de lo que pensamos hoy en día por «adulto» (en muchos de esos encuentros que Jesús tuvo con la parte inferior del mundo perdido, sabemos que también había «niños» presentes). En algunos casos, los niños realmente desempeñaban un rol; sin embargo, en aquellos encuentros más tensos cuando los niños estaban presentes, estaban a salvo de los pecados que podrían aparecer, porque Jesús estaba ahí con ellos. 

Dirás, «sí, pero los discípulos ya creían en Jesús». En realidad, era evidente que no tenían una comprensión completa de quién era Jesús y lo que él representaba hasta la resurrección. Pero sí estaban atraídos hacia él y tenían un deseo por responder a su llamado. Durante los tres años de viaje a su lado, se acercaron a él como líder y amigo, pero su relación con él basada en la fe no se manifestó hasta el último capítulo de su ministerio terrenal. 

Si los padres son realmente ricos en Cristo, deben estar viviendo en la primera línea de la causa de su reino. Deben tener un compromiso regular con el que está herido espiritualmente y deben estar necesitados de personas que los rodeen. Estos padres saben que sus hijos están mejor en un asiento de primera fila mientras mamá y papá se ocupan de amar al perdido y al solitario con los que se encuentran en el camino. Los padres espiritualmente ricos, que constantemente entregan su tesoro a personas a su alrededor espiritualmente en bancarrota, normalmente tienen menos problemas al criar hijos que tienen una visión cruda de la cultura perdida que los rodea.

En segundo lugar, distingan entre la relación de su hijo con Cristo y la relación con sus padres.

Estos padres dejan claro que el ambiente espiritual misericordioso que sus hijos tienen la posibilidad de disfrutar es una extensión de la relación de sus padres con Jesús. Si sus hijos quieren que esas características formen parte de su vida futura, la encontrarán, tarde o temprano, a través de su propia búsqueda de Cristo. Estos padres no asumen que cualquier cosa que sepan o crean de Jesús también sus hijos la creerán de manera predeterminada. Sin embargo, ellos buscan conectar el corazón de sus hijos de tal forma que prepare el camino para que se conecten finalmente al corazón de Dios.

Cristo más que comodidad

Podemos complicar el traspaso de nuestra fe si inconscientemente hacemos el proceso demasiado cómodo y fácil para nuestros hijos. Aunque los hijos claramente pueden beneficiarse de las bendiciones que acompañan la relación de sus padres con Cristo, si quieren esos activos para ellos, atravesarán su propio viaje auténtico hacia la cruz.

Mientras más hacemos de nuestros hogares un lugar de misericordia para que nuestros hijos procesen los rasgos resultantes de su separación pecaminosa de Dios, menos carga tendrán cuando llegue el momento de generar riquezas de su salvación por sí mismos.

Tim Kimmel © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda



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Tim Kimmel
es el director ejecutivo de Family Matters [La familia importa] y es autor de muchos libros sobre las relaciones familiares, dentro de ellos Crianza llena de gracia.



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